Paraíso Fiscal

SUIZA DEJA ATRÁS SU ETAPA DE PARAÍSO FISCAL SIN RENUNCIAR A SU ESENCIA OFFSHORE

Suiza, uno de los paraísos fiscales más antiguos del mundo, ha sido durante mucho tiempo un destino privilegiado para los ricos y poderosos deseosos de ocultar su riqueza al fisco. También es uno de los destinos preferidos de las empresas que tratan de reducir al mínimo su factura fiscal. Sin embargo, desde 2014, con la firma de los estándares internacionales de la OCDE para el Intercambio Automático de Información, Suiza ha dejado de ser considerada un paraíso fiscal, ya que está colaborando en materia de transparencia fiscal internacional, sumándose a cientos de países y jurisdicciones que han dejado atrás su pasado offshore.

Así pues, siendo el país que cuenta con más cuentas corrientes de ciudadanos no residentes, ha dejado de ser el lugar preferido para blanquear dinero, según los exámenes de calificación de la OCDE, y más concretamente, del Forum Global de Transparencia e Intercambio de Información en materia fiscal.

2014

Firma del acuerdo OCDE

En 2014 Suiza se sumó a los estándares internacionales de transparencia fiscal promovidos por la OCDE con la intención de intercambiar automáticamente la información de los contribuyentes extranjeros.
2018

Comienza el Intercambio

A partir del 2018 Suiza comenzará a intercambiar automáticamente información con las autoridades fiscales de otros países.

La Ley de Bancos de 1934 no reconocía la evasión fiscal como un acto criminal digno de citación judicial. Por ello, la banca suiza abrió sus brazos a los evasores de impuestos y rápidamente se convirtió en el paraíso fiscal mundial.

La ley más benevolente con las víctimas del Holocausto

La ley resultó beneficiosa para algunos ciudadanos judíos. Incluso los empleados alemanes de los bancos suizos no podían divulgar información de la cuenta a los nazis, y esto permitió a algunos judíos escapar a otros países con al menos una parte de sus activos intactos, o utilizar sus activos para cubrir los gastos de su escape y emigración.

Los beneficios de Suiza como paraíso fiscal

Gestión de grandes patrimonios

El paraíso fiscal de Suiza ha sido durante muchos años un centro de actividades financieras entre las personas más ricas del mundo.

Protección de activos

Proporciona protección de activos de alta calidad para los clientes que invierten sus capitales en los bancos del país. Se pueden establecer cuentas bancarias offshore suizas para empresas y particulares. Gracias a esto los clientes pueden mantener sus activos a salvo de acreedores.

Privacidad para los clientes

Suiza ofrece privacidad para los clientes. Esta característica de paraíso fiscal es muy apreciada en todo el mundo ya que no se puede comparar con la de otros paraísos fiscales debido a su excelencia.

Optimización fiscal

La jurisdicción también proporciona al cliente medios seguros y legales para reducir sus impuestos. El que sea estable económica y políticamente, con un sector financiero amigable con los inversores, hace que sea un lugar perfecto para invertir.

¿Cómo se convirtió Suiza en paraíso fiscal?

Suiza ya había comenzado a adquirir reputación como paraíso fiscal para las grandes fortunas europeas durante la recuperación de Europa tras la Primera Guerra Mundial. La destrucción que ocasionó la Gran Guerra, también sirvió para acelerar el ascenso de los aspirantes capitalistas y por tanto, se estableció el escenario para que Suiza se convirtiera en el centro del mundo financiero.

En ese momento, además de los banqueros, se hicieron ricos políticos, dueños de periódicos, jueces y otras figuras públicas debido a los sobornos de los empresarios de la industria de defensa, especialmente armamentística. Cada vez más, estos hombres ricos optaron por esconder sus ganancias en los bancos suizos, para evitar el pago de impuestos durante una era en la que los impuestos a la renta progresivos se estaban convirtiendo en el método preferido para financiar a los gobiernos.

la ley más blindada del mundo

La ley, titulada Ley Federal de Bancos y Cajas de Ahorros, actualmente conocida como la Ley de Bancos de 1934, avanzó a través de la legislatura suiza. Sin embargo, durante este período, el partido nazi alemán comenzó a presionar pública y privadamente a los tribunales suizos para que entregaran información sobre las cuentas de los ciudadanos judíos de Alemania. Además de rellenar los bolsillos de los funcionarios del partido, confiscar o congelar las cuentas fue un movimiento preventivo de las autoridades nazis para evitar que los judíos huyeran de Alemania en masa.

Estas acciones provocaron una fuerte reacción violenta en toda Europa: Alemania no fue el único estado que sufrió (o luchó para evitar) un cambio de régimen. Tanto la floreciente clase de industriales ricos como la vieja aristocracia tenían razones para temer que la fortuna de su familia, a veces adquirida a lo largo de muchas generaciones, pudiera desaparecer si los grupos socialistas o fascistas radicales tomaran las riendas del gobierno. Este temor bien fundado dio lugar a una enmienda a la ley, el artículo 47 (b), que esencialmente codificó el secreto en la banca suiza.

Suiza sufre la presión internacional para acabar con el secreto bancario suizo

La ley prescribía severas sanciones penales por violaciones y evitaba que los bancos cedieran información sobre cuentas y sus propietarios a terceros, incluidos los gobiernos extranjeros y sus ejecutores impositivos. Los jueces suizos podían emitir citaciones forzando la divulgación en casos penales graves, pero antes de 2012, cuando las leyes de confidencialidad fueron enmendadas después de la enorme presión del Departamento de Justicia de los Estados Unidos y la OCDE, estas citaciones usualmente solo se veían en casos de blanqueo de dinero o financiación del terrorismo, delitos que tienen un interés inmediato y apremiante para toda la comunidad internacional.

La cara menos amable de la ley de Bancos Suizos

Algunos ciudadanos judíos que no pudieron escapar de Alemania y se convirtieron en víctimas del Holocausto, así como sus familias y descendientes, fueron nuevamente víctimas de la misma ley bancaria suiza cuando intentaron recuperar sus bienes después de la Segunda Guerra Mundial. Numerosos judíos europeos perecieron en campos de concentración y sus bienes no fueron reclamados. A veces, los funcionarios nazis los obligaban a retirar sus activos suizos, que luego fueron incautados por oficiales del régimen. E incluso, algunos documentos simplemente se perdieron en el caos y la destrucción de la Segunda Guerra Mundial.

Después de décadas de acusaciones, investigaciones y presión política, una comisión suiza intentó identificar los bienes judíos perdidos durante el Holocausto y devolverlos a sus legítimos propietarios. Naturalmente, había una gran sospecha sobre el conflicto de intereses, ya que los bancos suizos podrían haberse beneficiado de sumas sustanciales de activos no reclamados al perder documentos convenientemente y tomar posesión de los activos.

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